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viernes, 1 de febrero de 2013
Llegaba muy temprano
Llegaba muy temprano
de mañana. Cuando los gallos y gallinas
alborotan los pueblos. La bicicleta
llena de artilugios: piedra esmeril,
diamante, hilo de plomo
y una siringa que sonaba a Galicia.
Remachaba las potas y los cazos,
y mientras afilaba, curriños
-nos decía- como a vida as chispas.
Recogía las monedas. Le daba a los pedales,
y cada vez más lejos:
cacerolas, cuchillos, cachivaches, navajas...!
© Aurelio González Ovies
El canto del mirlo
lunes, 5 de noviembre de 2012
Estación ininterrumpida
Estas mañanas secas de noviembre,
con el viento a mi espalda
y los quitameriendas por el suelo,
son mucho de mi vida.
Los castaños deshojan en silencio.
Es hermoso el camino. Es hermosa
la vida y sus imágenes.
Faltan sólo a lo lejos mi casa echando
humo, mi madre en la ventana. La puerta
siempre abierta.
Y el niño que yo fui, con su cabás al hombro
y los chanclos gastados, volviendo de la escuela.
martes, 21 de agosto de 2012
Invitación al recuerdo
Con esta luz de abril
y este cielo tan alto
y la fragancia nueva que desprenden
las salvias,
te necesito aquí, diciéndome:
prepárate, nos vamos, hoy estaremos
solos
nosotros, el amor
y el vuelo de los pájaros.
viernes, 10 de agosto de 2012
Tierra de nada
Pueblos abandonados.
Minas tristísimas.
La nieve ha jubilado sus memorias.
Narcisos en los tiestos. Balcones solos.
Un hombre con un perro camina y silba.
Fango y barbecho.
Palacios silenciosos,
huertos y espantapájaros.
Un mastín irreal sueña y aúlla.
Tierra de nada
de pantanos
de humo
de espinos
de cemento.
Pasto verde y sembrados para la brisa.
Deshielo de la juventud.
Precipicios.
Negrura. Acantilados. Maizales caídos.
Caserones de sombra
y de lechuzas.
Estaciones.
Caminos.
Labrantíos.
Arroyos.
Se escucha el mirlo.
Esta región heredará la lluvia.
jueves, 26 de julio de 2012
Desencanto
Desenterró su cuerpo. Pidió un poco
de luz.
Entendió que nada había cambiado.
Cogió una rosa. Se empapó con la lluvia,
acarició la tela de la tarde,
escuchó el mirlo
y prefirió seguir tumbada entre los muertos.
viernes, 25 de mayo de 2012
lunes, 28 de febrero de 2011
Ritual
Y que jamás revelen
dónde hiberna el verano,
ni tu maternidad, humilde
primavera. Que nunca
se descubra de qué estás hecho, barro,
que jamás se desvele la estructura del frío,
del abismo, la luz
ni la madera.
Que no sea preciso intervenir el humo,
ni anestesiar el tiempo, ni la quimioterapia
en tu estatura, piedra.
sábado, 15 de enero de 2011
Manos
Qué espacio milagroso el de las manos:
aman tocan retienen presienten matan
siembran
abrazan edifican acarician valoran
miden cazan impiden
se desgastan
se cierran.
lunes, 9 de agosto de 2010
Azione di grazia
Mi é costato nei miei anni
giungere a scrivere
sono
sento.
Sto qui e percepisco
la grandezza del giorno,
la sua dimensione azzurra,
la mia trasparenza.
Lo devo ai nomi
con qui tanto mi hanno chiamato.
Lo devo all'infanzia
ed alla sua fosforescenza.
Lo devo agli alberi
che sono cresciuti con me.
Ed ai versi che,
avendoli lasciati un uomo,
pastore in Orihuela, sulla vita,
sono giunti nelle mie mani,
hanno girato i miei occhi,
hanno filtrato la mia voce.
E, col cuore in gola,
abbiamo conosciuto insieme
la bellezza.
domingo, 8 de agosto de 2010
Ruines d'Olympie
Olympie. L'aube. Déjà
le printemps.
Lente, la lumière du jour oint son corps
d'une huile très tiède,
comme une jeune déesse
éprise d'un athlète mortel.
Ce peu de choses que je vois:
un olivier, la rosée sur le marbre
et l'aspect humain de la terre
c'est la vie.
Traduction: Jean Dif
miércoles, 14 de julio de 2010
Día a día
Yo veo que nos vamos
queriendo más...
-no sé cómo decirlo-,
tal vez más por completo,
más desnudos,
más íntegros,
más todo,
más necesariamente
todo el tiempo;
más menos de lo que antes
era mucho.
No sé cómo explicarlo,
pero sé cómo arde
el amor verdadero.
domingo, 6 de junio de 2010
¿Qué más que el amor?
¿Adónde voy? ¿Qué busco? ¿Por qué
huyo tantas veces de donde estoy,
de aquí, donde fui consiguiendo,
a trancas y barrancas, dar algún
paso en firme,
intentar ser, a veces, brevemente
feliz?
¿Qué pretendo encontrar
que desde aquí no halle?
¿Qué imagino tocar que mis manos
no puedan alcanzar desde
mí?
¿A qué sueño abrazarme que nunca
se me escurra?
¿Adónde me dirijo? ¿Qué más hay
que el amor,
ese alguien que te espera
con la luz encendida
con los labios en flor
con las manos en vela?
¿Qué más? Yo sé que nada
existe
-los años me lo dicen-
fuera de ti y de mí.
domingo, 30 de mayo de 2010
El canto del mirlo
Cántame mirlo,
necesito creer que el verano no cambia,
que la luz no envejece.
Que soy yo quien opaca la eternidad de agosto,
que soy yo quien la mira
con los ojos cansados.
Pero tú, cántame,
ahora y siempre.
Que al escucharte sienta
que sigo aún en mí
o, que al menos, estuve
ciertamente conmigo.
viernes, 9 de abril de 2010
Escena de casa
Y es que aunque nada puede
detenerse,
he sido tan feliz que es suficiente. Bajo
la tarde, aquí, recuerdo
ahora
la vida transcurriendo
como fruta brillante. Las fieles golondrinas
girando hasta la cuadra y el olor
de la hierba. -Mi madre era tan joven-
Existió todo en mí. El cariño y la infancia
como un pan abundante,
los rayos del verano entrando
hasta la siesta. El nombre de los pájaros,
su canto. Las luciérnagas,
su silencio encendido sobre las noches
largas.
Ha sido tan verdad que ya es bastante.
Más allá, los postes de la luz,
los maizales, y el mundo se acababa.
sábado, 27 de marzo de 2010
El veneno agridulce de la vida
Ganar, abrir, cerrar,
perder. Hoy el encuentro
feliz. Mañana la despedida.
Todo es lo mismo
y contrario. Como la luna
y el día. Todo de luz y de
sombra. Como una noche
muy llena y una casa
tan vacía.
Tomo un sorbo. Reconozco la fe.
Amargamente sonrío:
dulce veneno, la vida.
perder. Hoy el encuentro
feliz. Mañana la despedida.
Todo es lo mismo
y contrario. Como la luna
y el día. Todo de luz y de
sombra. Como una noche
muy llena y una casa
tan vacía.
Tomo un sorbo. Reconozco la fe.
Amargamente sonrío:
dulce veneno, la vida.
Desiderata
Llama a mi corazón
pero descálzate,
unge tus pies.
Vacíalos
Si has de salir prefiero
que no queden las huellas
Beatitud
La luz. La tarde. El hombre.
El rebaño y el perro que regresan.
Las chimeneas que asoman sobre
octubre.
El pueblo y su silencio azul de cal y hortensias.
Vale la pena ser mortal y carne.
Tanta beatitud, un mirlo canta,
merece nuestra ausencia.
El rebaño y el perro que regresan.
Las chimeneas que asoman sobre
octubre.
El pueblo y su silencio azul de cal y hortensias.
Vale la pena ser mortal y carne.
Tanta beatitud, un mirlo canta,
merece nuestra ausencia.
Primera Luz
Canta el mirlo.
Rememoro la paz de un tiempo muy antiguo.
Se desborda la luz. Acaba marzo
y abre la vida de par en par
todos sus pétalos.
Ruinas de Olimpia
Olimpia. Madrugada. Ya casi
primavera.
Lenta, unta la luz del día su cuerpo
con aceite muy tibio,
como una diosa joven
encaprichada
en un mortal atleta.
Es vida lo que veo, aunque es muy poco:
un olivo, rocío sobre el mármol
y la humana apariencia de la tierra.
primavera.
Lenta, unta la luz del día su cuerpo
con aceite muy tibio,
como una diosa joven
encaprichada
en un mortal atleta.
Es vida lo que veo, aunque es muy poco:
un olivo, rocío sobre el mármol
y la humana apariencia de la tierra.
Muchacha enamorada
Fue en el Museo, en Atenas,
una hermosa muchacha
sobre el mármol
-realidad un día-
se ataba su sandalia.
No sé..., pero en sus brazos,
en el gesto tan dulce de su cara,
-la leve inclinación
de sus caderas,
los pliegues de su túnica
o sus labios brillantes-,
reconocí que estaba
enamorada.
una hermosa muchacha
sobre el mármol
-realidad un día-
se ataba su sandalia.
No sé..., pero en sus brazos,
en el gesto tan dulce de su cara,
-la leve inclinación
de sus caderas,
los pliegues de su túnica
o sus labios brillantes-,
reconocí que estaba
enamorada.
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