Mostrando entradas con la etiqueta Antigüedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Antigüedad. Mostrar todas las entradas

viernes, 30 de julio de 2010

Argos


Los caseros no atienden a sus ojos, 
pero detrás de sus negras pestañas 
oculta una tristeza tan redonda 
que apenas le permite la mirada. 
Por eso algunas veces con la cola, 
cuando escucha el sigilo de las vacas, 
dibuja sobre el barro en que reposa 
retazos de impotencia y de desgana. 
Y poco a poco el giro de las moscas 
que rondan sobre él noche y mañana, 
le han dado un parecido con las cosas 
que a la muerte se pudren olvidadas. 
Su hocico respingón ya tiene forma 
del aullido más último del alma, 
y de aquella nariz de caracola 
tan única en los rastros de la caza, 
cuelga la transparencia de una gota 
que ya no puede secarse con la pata. 
Y aunque sigue esperando, de su boca
sale de vez en cuando esa palabra 
con que expresan los perros su derrota;
y lloriquea y cae y se levanta...



lunes, 17 de mayo de 2010

Humanitates


A veces les diría
cuando yo ya me canso
también
de declinar en vano:
carpe diem (noctemque) carpe-
tazo!
Si no vivís ahora la luz
sobre los cuerpos,
si no saciáis in situ vuestro
apetito humano,
llegará -porque llega-
la que nombrar no quiero,
-de cuyo nombre siento que tenga
que apropiarme-
con el imperativo en su valor
más lúcido y más recto:
apaga y vámonos.

sábado, 27 de marzo de 2010

Perdido en la luz, errante en la belleza


Qué importa, si además,
yo habito en la locura
del poema
y en sus noches me ausento
para soñar escrito.
Qué, si doy la vida
a cambio de unas horas de sed
en la hermosura
y me enamoro hasta la sangre
de una palabra que tiene
una guitarra.
Qué, si me doy por entero
al envenenamiento de la profanación
y robo de los templos
del silencio
las velas encendidas de algún nombre.

No hago más daño que la luz
ni soy más cobarde que una guerra.

Miles gloriosus



Plaudite! Las cortinas se cierran
y ellos aplauden.
El Miles gloriosus ha terminado.
Y se levantan de sus sitios
y se van a su casa
comentando la escena en que el esclavo
hace a las cortesanas
proposiciones.
Cae la noche y se van
a sus casas.
Nosotros nos quedamos,
nos quitamos los trajes.
descolgamos los cuatro
motivos de la escena
y comentamos incidentes.
Hemos representado los papeles
lo mejor que pudimos
-les digo- y satisfechos,
mis alumnos se abrazan
y sonríen.
Tú has estado genial comiéndote
las flores
y tú, como una estatua.
Pero no captan la soledad que tengo
sobre mi propia máscara
ni aprecian que ellos son lo mismo
que yo he visto
año tras año:
máscaras.
Algunos no entienden la tristeza
todavía
y en su brillante juventud
piensan que todo es duradero,
que todo es verdad, al fin y al cabo:
esta unión, este instante
de amistad pasajera y nerviosismo.
Yo lo he visto año tras año,
me entristece
pero vale la pena que sea irrepetible.
Ha sido una hora y media
más intensa
que hora y media de vida.



(Gijón. Estreno en diciembre. 1995. Para Rebeca Minguito, que hoy me escribió unas palabras cariñosas, pasados quince años. Aurelio González Ovies. 12 de marzo de 2010).


Sobre unas rocas


La he visto. Estaba en Ítaca.
Yo me iba de Corfú, destino
a Melos. Ella lanzaba conchas
a las olas, sentada en una roca.
No es fácil esperar. La mirada
se acaba. Pierde su brillo.
Pero allí sigue. Amarrando el azul
del Jónico al Egeo. Todo
dura en la vida y es eterno,
mientras somos capaces de admitirlo.


Desiderata



Llama a mi corazón
pero descálzate,
unge tus pies.
Vacíalos
Si has de salir prefiero
que no queden las huellas


Viaje a Fisterra


Para Aurora. Para Aurorita y Manolo y Alfonso, compañeros de ruta.

Non é o mesmo. Antes éramos
moitos.
Los ojos se le llenan de agua
mientras mira retratos
y cuenta y acaricia respaldos de las sillas.
Denantes éramos moitos cuando
o día de festa.
Viajamos entre pinos camino
de Fisterra. Paramos en su casa.
Nos enseña el jardín, el hórreo,
la piel de una mañana en Paradela.
Nos comenta que ahora ya no tiene ilusión
ni por el huerto.
Nos explica el porqué del distinto color
de las hortensias:
que si plantas dos juntas se enamoran.
que una se queda blanca
y otra azulea.
Gústanme os recordos. Pero teño xa tantos
que me pesan. A casa é moi grande,
aunque estou a gusto. Eu son
feliz eiquí,
coas cousas de sempre e coas miñas penas.
Paradela está quieta,
solitaria,
con el gesto sereno que tiene Aurora
mientras coge del árbol unas ciruelas.
Paradela: prados, cuadras,
tejados de lousas lánguidas,
o cruceiro dormido frente
a la iglesia,
el viejo cementerio, silencioso,
como todos los cementerios de la tierra,
como todas las horas de la vida
y del tiempo
de los muertos,
como toda la luz de Paradela.

Vamos hacia Fisterra. Ella se queda allí
con su bata de alivio, con su apego
al granito y una hermana que tiene costurera.
Es agosto,
verano como de un mediodía muy antiguo,
como de sol de piedra.


Hermosa edad la vuestra


Hermosa edad la vuestra
-repetía-,
aprovechadla...
Del diente de león cogía
unos vilanos

y soplaba.



Al fuego no le digas


Al fuego no le digas jamás lo que deseas.
Es un dios muy antiguo
enamorado
de su propia condena:
todo lo que no alcanza le apasiona
y apasionadamente con lo alcanzado
quema.



Ruinas de Olimpia


Olimpia. Madrugada. Ya casi
primavera.

Lenta, unta la luz del día su cuerpo
con aceite muy tibio,
como una diosa joven
encaprichada
en un mortal atleta.

Es vida lo que veo, aunque es muy poco:
un olivo, rocío sobre el mármol
y la humana apariencia de la tierra.



Muchacha enamorada


Fue en el Museo, en Atenas,
una hermosa muchacha
sobre el mármol
-realidad un día-
se ataba su sandalia.
No sé..., pero en sus brazos,
en el gesto tan dulce de su cara,
-la leve inclinación
de sus caderas,
los pliegues de su túnica
o sus labios brillantes-,
reconocí que estaba
enamorada.




Arquitectura de las ruinas


Antigüedad

mujer hermosa
con ojos pompeyanos
que lleva cestos
de sombra
hasta las viñas
Mar
que se mira
en un espejo
y se serena
antes de que
la vean
amanecer las naves
orgullosas
Mujer
lanceolada
con los pechos
en púrpura
que visita
los templos
y pestañean
las lámparas
de aceite
Cintura de la juventud
de la columnas
melancolía
de la flor de
la manzanilla
que te hace
aniversarios
en latín
al lado
de las losas
Mujer
vestida de ceniza
y rayo de luna
que en la noche
te han visto llorar
sobre un mosaico


Pasabas
levemente
los dedos
por la desvanecida
sonrisa
de los padres
queridos.