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jueves, 13 de septiembre de 2012

Tardes de cal viva





De Incertis III


Quién sabe si nosotros

los que abrimos las puertas,

los que hacemos camino,

los que no caminamos,

los que vemos la luz,

los que sentimos libre,

mañana no alcanzamos

nuestra propia

distancia.



Si todo se tratara de un silencio,

una lenta tristeza

y un silencio

como cuando en la infancia

se alejaban los circos.



Si alguna tarde al pálido

perfume de la siega,

cuando el dorado sol de junio

alarga el día,

pagaremos el canto de los jilgueros

jóvenes,

que ya no volverán al volumen

del mundo.

Si alguna noche

baja

de la noche una

estrella

y a sus ojos los hombres

no somos más que frío.


Postulación

Dame tus manos, mar. Oríllame

a tus alas. Arrástrame a la luz.

Sedimenta tu sed sobre mi voz caduca.

Ahógame en el fondo de tu forma

sin ángulos. Déjame

concebir el agua, corporeizarme

en líquido;

sentir que no naufrago

ahora

siempre

por ahora

y




para siempre.



Dame tus alas, mar. Abrázame

en tu hondura, alístame

en tus olas.



Aquí en la tierra no es libre ya ni el viento.

Sólo conozco

-ahora

siempre

por ahora-

la deriva.


Tarde encendida

No es sólo lo que ves. Hay mucho más. Detrás de cada línea vive la espera.

Quien te ofrece este gesto vio la tarde encendida y pensó que tal vez, al trasluz de sus dudas, pudieras asomarte a la belleza.

Sobre cada espiral fluye un deseo. Al borde del azul duerme la esencia.

(C) Aurelio González Ovies
Tardes de cal viva
http://blog.educastur.es/tardesdecalviva
Voz: María García Esperón
Música: The Refugee's theme. E. Karaindrou
2012

sábado, 28 de abril de 2012

Todo es Palabra en el Congreso de la Palabra de Guanajato

Un poema de Aurelio González Ovies en la clausura del IV Congreso de la Palabra en León, Guanajuato (México).


Todos quisiéramos dejar aquí un poema
como la vida,
un verso en pleamar como una playa,
un verso infinito como una claridad,
un verso mortal como un disparo,
un verso donde esté escrita la pena trashumante
con todas sus guitarras,
un verso en que se posen los acontecimientos.

Todos quisiéramos marchar libro adelante
a través de una historia que se aleja
o el jardín de algún nombre muy antiguo
o morir para siempre en una página.
Porque todo nos nombra,
todo nos dice, todo nos afirma,
todo nos inunda.

Todo es mentira y es verdad y es ilusión y frío y nombramiento
y libertad y cárcel.

Todo es palabra
.
(C) Aurelio González Ovies

jueves, 8 de marzo de 2012

El Norte de Asturias en el corazón de México


El miércoles 7 de marzo de 2012, un grupo de personas se reunieron en la Biblioteca Municipal de la ciudad de San Miguel de Allende -que ha sido nombrada "corazón de México"-  en torno de la palabra del creador asturiano Aurelio González Ovies, el poeta que viene del Norte.
Aurelio González Ovies: el poeta que viene del Norte 
Por María García Esperón


 


sábado, 24 de septiembre de 2011

Marina

Cuando no sé quién soy, qué llevo
dentro, quién media entre mi voz y mi palabra.
Cuando la vida baja hasta mi pecho
y duele y duele y duele. Me acerco hasta
la mar y me comprendo un poco:
nunca siempre igual,
pero siempre nunca diferente.







© Aurelio González Ovies
Tardes de Cal Viva
Realización:
María García Esperón
Música: Meditation
Yanni
MMX

domingo, 27 de marzo de 2011

¿Dónde el tiempo?



Me confunde esta luz de primavera con que se extinguen los meses de febrero y marzo. Me confunden las estaciones, los días y los años. La prontitud con la que todo se posa y vuela de mis manos. La distancia que me acerca o la cercanía que me aleja a quien soy, a quien he sido. Vivo en mi confusión, lo confieso. Lo que es hoy me suena muy desconocido, muy apremiante, lo que se vuelve ayer me parece muy indeterminado. Deambulo entre el vacío y la ceniza, entre lo desconocido y lo transitado, y sin embargo, tengo la certeza de que nada, en ese camino entre lo andado y lo inexplorado, nada me ha reconocido como suyo. ¿Nada? ¿Cuánta verdad cabe en nada? ¿Nada es vacío; todo lo que acontece es, al fin y al cabo, nada?

¿Dónde el tiempo? ¿Cuándo empieza, cuándo nos acaece, cuándo termina? ¿El olvido y la ausencia son tiempo? ¿Hay tiempo en los espejos o en las corrientes o en las sombras; o tan sólo transcurre a ritmo humano? ¿Por qué nos duele el tiempo si apenas nos atañe, por qué nos hiere? ¿Si dispusiéramos de más tiempo, de todo el tiempo, entenderíamos el amor de igual manera; esperaríamos con igual intensidad; nos afanaríamos en idénticas torpezas; erraríamos tan a menudo; mataríamos tan ligeramente? ¿Dilata el tiempo? ¿Por qué el tiempo en el dolor y en la tristeza sobreviene tan largo, tan disperso; por qué el tiempo del sufrimiento se desliza tan lento y tan abandonado? ¿Es tiempo el hielo, cómo contar su detención, cómo medir sus lapsos?

¿Era yo aquel muchacho que hace tan poco ¿poco es mucho? andaba por los prados, descalzo e impreciso, enamorado de grillos y libélulas? ¿Soy yo aquél que camina de la mano de una mujer gordita y no muy alta, que sentía pavor por culebras, en busca de moras y de manzanilla? ¿El que ayuda a su padre, casi todos los domingos, entre cotón y grasa, a reparar motores y limpiar piezas, era yo, lo soy? ¿Soy yo ése de la raya al lado, el que lleva unas galletas de coco en la cartera y se dirige a la escuela como quien va a un suplicio? ¿Es el mismo viento el que me despeina, las mismas nubes las que cruzan desesperadas el cielo de esa mañana de mayo? ¿Es algo lo mismo, alguien siempre él mismo?

¿Quién canta, como desde muy allá pero aquí, a mi lado, ‘agora non, mio neñu, agora non’ y me acoge en su regazo y me acaricia el pelo? ¿Son tiempo de verdad, tiempo otra vez, tiempo nuevo los espacios que nutren los recuerdos; o acaso recordar es, a fin de cuentas, desperdiciar el tiempo real? ¿Realidad y tiempo coinciden, se corresponden? ¿Hay realidad al margen del tiempo? ¿Lo que ya no recuerdo para qué ha sucedido, qué volumen ocupa en los relojes de mi dimensión? ¿Cuánto mide un año; cuántos centímetros median entre la actualidad y el después? ¿Quién dice mañana, a qué amplitud se refiere? ¿Ayer depende de una noche? ¿Una sola noche nos separa definitivamente de todo este presente? ¿Qué cortedad determina el presente, cuánto pesa, cuándo pasa?

¿Por qué persigo en los sueños el tiempo consumado, por qué retorno una y otra vez y siempre a mis muertos y los contemplo y veo cómo suben, plácidos, eternidad arriba, con sus perros antiguos, y observo cómo abren las puertas de su casa, y los llamo y me escuchan y vienen hacia mí con sus brazos abiertos, sonriendo, con salud y ropas de humo? ¿Soñar es también tiempo? ¿Permanecen en mí, más dentro, los sueños en los que acaricio ilusiones, son más míos que todo lo que pretendí atrapar inútilmente?

Sé muy poco del tiempo. Apenas nada. Conozco su erosión, su fuga, sus lesiones. Con un paso desde ahora hacia adelante llego al futuro, que no es más que un escaso momento, un ya y un nada; un paso hacia atrás ya no es viable, menos que después, menos que nada… (La Nueva España, 26-03-08).

miércoles, 16 de marzo de 2011

Sus últimas palabras que recuerdo


Ella siempre llegaba. Siempre estaba. Siempre podía poder. Siempre podía. Desde que yo salí de su profundidad, partiéndola de dolor, rasgándole la juventud y cargándole la vida, nunca más se encontró ni lejos ni incapaz ni muy cansada. Mi madre, aunque no pudiera poder, siempre pudo. Pudo traerme al mundo, pudo llevarme dentro, pudo pararme el llanto, pudo peinarme siempre, pudo dormir con hambre, pudo inventarme pan. Pudo estar muchos días sin agua y sin deseos, pudo darme de beber siempre, pudo enseñarme a desear. Pudo con el silencio, pudo con la verdad. Pudo estudiarme y pudo estar y estar y estar.

Siempre alerta y en mis proximidades, a todas horas esperando para entregarse, ofreciéndose a ser, espolvoreando calma, desprendiendo voluntad, propiciando alas y opinándose suelo, tejiéndome jerséis y pasos firmes, abriéndome puertas y cerrándose ocasiones, ahuecándose, día a día, para revestirme con su 'llenitud' tan inmensa como sencilla. Yo fui creciéndome y apartándome, siguiendo uno de los muchos ramales de este camino único. Y ella, como un principio y como un final, se mantenía en vela, 'entretenida' con alguna de sus tantas dedicaciones, hasta escuchar el ruido de las llaves y servirme la cena; aguardando la llamada, al otro lado del teléfono, atenta a las peticiones, decidida a presentarse, a estar conmigo 'ya, ahora mismo, de repente, sin perder ni un momento o enseguida', a hilvanarme un cálido 'no te preocupes, eso no es nada, verás cómo se arregla'.

Jamás dejó de poder ni en las noches de fiebre, ni en las fechas cruciales, ni en los peores días. Nunca renunció a hacer por poder. Sin embargo, aquella tarde en la que apenas me escuchaba, pero aún podía sentirme y me oía, cuando le pregunté: '¿cuándo quieres que vuelva?', sus últimas palabras, como desde muy lejos, como quien está yéndose inconsciente de su partida, pero consciente de que ya no habrá vuelta, como desde un sueño insondable, como pudiendo sin poder..., sus últimas palabras susurraron: ven cuando tú tengas tiempo, cuando tú quieras, cuando tú puedas.

sábado, 29 de enero de 2011

Los deseos paganos


Nuestra costumbre: el fuego.
Somos dos seres ávidos.
Mi voluntad chispea
para vivir el día
y encontrar en su ardor
la misma causa.

domingo, 2 de enero de 2011

Fisonomía de Occidente



Mi voz sube al ocaso su mirada.

Mis ojos hoy se posan al poniente.

Mirándote percibo por qué el cielo

derrocha tanta púrpura al perderse.

Belleza que una abuela tiende al verde.

Cordales que amurallan el futuro.

Aspas que roturan el horizonte.

Sendas que peregrinan por las brañas.

Paneras donde curten los anhelos.

Colmenas donde los brezos destilan.

Siluetas de ganado entre la niebla.

Aldeas con carácter de pizarra.




El corzo joven que olfatea el mundo.

El acebal que no conoce el tiempo.

Parajes donde sólo ha entrado el eco.

Molinos que esperan un grano de agua.

Vegas que no han cansado de su sombra.

Cangas que han renunciado a distanciarse.

Ríos que jamás han retrocedido.

Montañas que nunca dieron la espalda.




Minas como mujeres ya maduras.

Viñedos que se trenzan a la vida.

Lagos donde la altura desahoga.

Pantanos donde aún suenan campanas.

Acantilados que bajan al norte.

Poblados que se apiñan en el vértigo.

Poblados con la mar hasta los hombros.

Poblados con los pies sobre las playas.

La luz indiana de la atardecida.

Los monasterios con su gesto lánguido.

La cal viva que viste el cementerio.

El corredor donde airean las sábanas.

El aroma rural del mediodía.

La plata de los peces en las lonjas.

El volumen tan viejo de los quesos.

La hora lenta en que tornan las lanchas.

Dólmenes con su soledad a cuestas.

Concejos nietos de la artesanía.

La antigua arquitectura de los campos.

El castreño solar de la esperanza.

Qué más puede pedírsele a la tierra,

qué menos esperar de esta vertiente.

Mirándote comprendo por qué el sol

quiso morir a diario en occidente.

(Texto leído en Teatro de Tineo. Noviembre de 2006)

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Galería de imágenes


(Para E. I. y R. S.)

Quisiera erguir un verso como un túnel,

entrar en vuestra piel, con una lámpara;

quisiera descender al corazón

por alguna de tantas bocaminas.

El halo de la luna en el Nalón,

la noche que se enciende en las ventanas,

la fiambrera puesta en el alfeizar,

el bocadillo envuelto con el alba,

el humo que madruga en las cocinas.

La povisa azulada de las berzas.

El castillete oculto entre las zarzas.

El chivo atado que rumia el silencio.

Los cobertizos, el bidón del agua,

las eras a la orilla de las vías.

Los tendales frecuentes con las mudas,

el fatu de los fines de semana,

las estriadas manos que enjabonan,

la blancura gastada de las toallas.

Sirenas: doce en punto de la vida.

Las barriadas que surgían del cisco,

el vinagre y el Fóster de las chapas;

la lentitud del tren que iba al pasado,

la carretera nueva hacia la nada,

un volador y un santo y una ermita.

Las casas que no ocultan su humildad,

el privilegio grande de una casa,

sus cuartos de humedad, baldosa y friso,

la cal obrera y descascarillada,

las barriadas que crecen y se apilan.

La tierra y la mañana que retumban,

la espera, el nerviosismo, la mañana.

Las familias que llegan de muy lejos,

el cartero con la esperada carta,

las tísicas libretas de familia.

El sabor gris de los economatos.

El olor acre de las bacaladas.

El costoso jornal. El día 10:

el aceite, el azúcar, las conservas,

la palidez antigua de la harina.

La tizna de la raza de los padres,

los párpados del padre que no aclaran,

el padre que a las cuatro se despierta,

el padre libre que vive entre jaulas,

el padre que no ve la luz del día.

Los chigres donde se bebe el ahora,

el ahora, más firme que el mañana,

el ahora y el hoy de pisar suelo;

el bar-tienda, la esquela en la fachada.

El hechizo de las confiterías.

El tendido de cables. Los calderos.

Las mujeres que charlan y repasan.

El cuello ácido de las chimeneas.

Los bronquios agotados de las fábricas.

La infancia del cemento y la uralita...

Aquí dejo el candil de mi palabra,

es de carburo, alumbra al pronunciarla:

no es tarde nunca. Es siempre todavía.

(Leído en Teatro Municipal de El Entrego. Año 2007)

martes, 14 de diciembre de 2010

Un regalo de Navidad


Mi canto,
para el hombre
que ansía llegar a casa
y lavarse las manos,
dar un beso a los suyos,
aproximarse al fuego,
responder a un abrazo,
o sentirse tan solo que humaniza una mesa.
Para el que ve la luz encendida y respira,
para el que huele el pan y se siente dichoso;
el que mira la luna sin querer conocerla,
el que alcanza primero la sed que el cántaro,
el que huele la rosa y no la corta.

El que nunca rezó y a su manera reza.

© Aurelio González Ovies
En Tardes de cal viva
Texto y voz: Sofía Castañón, en Señalados.-Programa Especial Navidad 2005 Música y Poesía, emitido por Teleasturias.
Música: I'll Be Home For Christmas. Kenny G

jueves, 15 de julio de 2010

Voluntad de los hombres



Voluntad de la luz,
pósate en estos ojos
que me miran
como quien nunca ha visto
la salud tan de cerca.
Ilumina esta boca
acostumbrada
al oscuro alimento de la angustia.
Empapa estas facciones
parecidas
al gesto de la sed sobre la tierra.
Voluntad de los hombres,
erradica, tú puedes,
el aspecto infantil de las viejas
torturas,
la rigidez autóctona de estos semblantes
propios de la muerte,
la carne perfilada con las gamas del odio
y la vergüenza.
Tú que puedes, voluntad
de los hombres.
Son humanos aunque no se asemejen.
Son humanos aunque no lo parezcan.

lunes, 17 de mayo de 2010

Humanitates


A veces les diría
cuando yo ya me canso
también
de declinar en vano:
carpe diem (noctemque) carpe-
tazo!
Si no vivís ahora la luz
sobre los cuerpos,
si no saciáis in situ vuestro
apetito humano,
llegará -porque llega-
la que nombrar no quiero,
-de cuyo nombre siento que tenga
que apropiarme-
con el imperativo en su valor
más lúcido y más recto:
apaga y vámonos.

sábado, 8 de mayo de 2010

Laus


Gracias.
Porque mi canto va dirigido
al que deriva de la estirpe del cactus.
Al que no sabe más que pedir perdón
por mirarnos de frente.

A la benevolencia.
Al infierno de vida de la mitad del mundo.
A los que ya quisieran ser humildes.

Al buitre de las cumbres, a la gaviota.
Al ególatra arroyo, que va siempre a lo suyo.
Al clima, porque es sabio en su soberanía.

A todas las regiones adonde llega el sol,
a todos los poblados que los vientos recorren,
a todas las aldeas que despiertan los gallos,
a todos los caminos.
A las cuatro estaciones.
Al punto cardinal que aún no ha detonado.
A los cinco sentidos.

Mi canto es para quien forma parte, tanta parte de mí
tanta carne de mí
tanto cuerpo de mí
como yo mismo.

sábado, 1 de mayo de 2010

Los panes y los peces


Algo tenían sus manos
como de brote o pozo:
y aunque faltara el agua,
nos mojaban la sed.
Y aunque el sol no saliera,
tocarla, iluminaba.
Y aunque hubiera muy poco
y los días muy duros
y los meses muy largos
y nuestras bocas todas,
se restaba a sí misma
-tuvo que ser así-,
con tal de que a nosotros
-ilusiones y fruta, sueños y ropa nueva-
se nos multiplicaran.

sábado, 27 de marzo de 2010

Perdido en la luz, errante en la belleza


Qué importa, si además,
yo habito en la locura
del poema
y en sus noches me ausento
para soñar escrito.
Qué, si doy la vida
a cambio de unas horas de sed
en la hermosura
y me enamoro hasta la sangre
de una palabra que tiene
una guitarra.
Qué, si me doy por entero
al envenenamiento de la profanación
y robo de los templos
del silencio
las velas encendidas de algún nombre.

No hago más daño que la luz
ni soy más cobarde que una guerra.

Miles gloriosus



Plaudite! Las cortinas se cierran
y ellos aplauden.
El Miles gloriosus ha terminado.
Y se levantan de sus sitios
y se van a su casa
comentando la escena en que el esclavo
hace a las cortesanas
proposiciones.
Cae la noche y se van
a sus casas.
Nosotros nos quedamos,
nos quitamos los trajes.
descolgamos los cuatro
motivos de la escena
y comentamos incidentes.
Hemos representado los papeles
lo mejor que pudimos
-les digo- y satisfechos,
mis alumnos se abrazan
y sonríen.
Tú has estado genial comiéndote
las flores
y tú, como una estatua.
Pero no captan la soledad que tengo
sobre mi propia máscara
ni aprecian que ellos son lo mismo
que yo he visto
año tras año:
máscaras.
Algunos no entienden la tristeza
todavía
y en su brillante juventud
piensan que todo es duradero,
que todo es verdad, al fin y al cabo:
esta unión, este instante
de amistad pasajera y nerviosismo.
Yo lo he visto año tras año,
me entristece
pero vale la pena que sea irrepetible.
Ha sido una hora y media
más intensa
que hora y media de vida.



(Gijón. Estreno en diciembre. 1995. Para Rebeca Minguito, que hoy me escribió unas palabras cariñosas, pasados quince años. Aurelio González Ovies. 12 de marzo de 2010).


Sobre unas rocas


La he visto. Estaba en Ítaca.
Yo me iba de Corfú, destino
a Melos. Ella lanzaba conchas
a las olas, sentada en una roca.
No es fácil esperar. La mirada
se acaba. Pierde su brillo.
Pero allí sigue. Amarrando el azul
del Jónico al Egeo. Todo
dura en la vida y es eterno,
mientras somos capaces de admitirlo.


De cuando preguntaste


Las hojas tienen que caer. Es ley de vida; así dicen
los hombre a estas cosas
que no quieren mirar aunque sucedan.
Noviembre llega siempre por noviembre.
Tú lo verás. Ahora duele menos,
parece más belleza.
Después, mientras la dejen, seguirá reventando la primavera.


Ofrecimiento


A quien pule el granizo
y al que lo esparce,
ignorando si aún cae
sobre la tierra.
A quien lava la nieve
y a quien la parte
con blanca exactitud muy copo a copo.

A quien recuerda sólo
los mejores momentos
y vierte el infortunio en el olvido.
A quien conoce el nombre de las plantas
y los supersticiosos remedios
de sus pétalos.
A quien nunca acató las órdenes
supremas del que mata muy dulce
al propio semejante.
A quien nunca ha pisado tierra firme
porque nunca ha salido de palacio.
A quien se pincha y sangra.
A quien cree que la cera de una vela es eterna,
que la fogosidad,
la pasión verdadera,
se funda en una noche y dura
para siempre, sin apreciar que el siempre
es el siempre de siempre que siempre
y siempre y nunca ha estado.
Para aquel que almidona las alas
de los ángeles
antes de la alborada
y sus tardas cuadrigas.
El que entra en el amor y queda
definitivamente.
El que amó aquella noche por vez primera
y última.
El que hace del placer su mandamiento.