lunes, 4 de octubre de 2010

Rosa in memóriam



Rosa:

no sé cómo escucháis los muertos las palabras,

no sé con qué lenguaje expresar tanta ausencia;

pero sé que me escuchas y que nos acompañas.

Sé que un alma tan noble deja parte de sí

sobre la tierra, en sus seres queridos,

y otra parte se posa en un lugar sublime, al norte

de los sueños hermosos de la infancia.

Allí estarás ahora, discreta como siempre,

con tu gesto de amor, junto al viejo manzano,

podándonos el frío de este verano incierto,

regando la tristeza de tus plantas.

Espéranos muy cerca del último camino

que recorriste firme y resignada.

Espéranos al lado de nuestra casa nueva,

donde otra vez seremos los mismos que hemos sido

y no volverán ya a separarnos nunca

ni el tiempo ni el dolor ni la desesperanza;

desde donde nos veas extenderte los brazos,

y nos sientas llegar, con el destino a cuestas,

tu baúl de recuerdos y tu ramo de vida inacabada.

Espéranos, con la luz encendida, por si fuera de noche,

con tu sonrisa fresca, por si acaso es al alba.

Desde que ya no estás, nuestra ilusión más grande

es reencontrarte un día, al principio de todo

o al final de la nada.

Pero espéranos, Rosa. Mientras tanto,

descansa.

(Lugo. Paradela. 2008)

sábado, 2 de octubre de 2010

Las madreselvas tienen vuestro mismo carácter


Vengo del Norte
X

LAS madreselvas tienen vuestro mismo carácter,
vuestra misma bondad al trepar los abrazos,
vuestro mismo dialecto de palabras en ruinas.

Hay algo aquí parecido a la muerte,
tal vez esa nostalgia de sospechar que estamos
muy lejos de nosotros,
acaso ese susurro de los remordimientos,
quizá esa triste luna que ya no tiene pelo.

Vuestros cuerpos evocan la gran soberanía
de los que saben poco,
de los que no conocen más que aquello que tienen,
de los que dan la vida por amor a los suyos.
He venido a compraros la libertad del pájaro,
el alcance del águila;
he venido a poneros en hora los cuclillos,
a subiros los árboles casi cien años,
a humedecer la tierra con que engañáis el hambre.

Vengo del Norte,
del érase una vez del cuento de la vida,
de la paciencia mineral de la montaña,
del nerviosismo transparente de las libélulas,
de los bueyes que tiran del esfuerzo.

Ella viene cantando una canción de amor
que cantaba su madre,
habla de una muchacha que recibe gardenias. Vengo
del Norte
como la duda, como el conjuro.
Vengo del Norte como la orientación de las madreselvas.

Me envían los alquimistas de la brea,
la política de los castaños,
los cabreros del alba,
los números silvestres.

Os traigo vino dulce y pan de higo
y una puesta de sol y unas gaviotas.

Hay algo aquí parecido al olor del infinito.

sábado, 25 de septiembre de 2010

El cuartín de la sala


Como a un cuartu

benditu con alcohol de romeru,

entro de ralo en ralo

na memoria:

el crucifixu quietu, el cable

de la lluz, la pera, la mesita…

Túmbome un poco. Si pudiere escribir

esti silenciu,

podría entender la vida.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Rizos



A Rizos le cuesta
subir la escalera
arrastra y le duelen
las patas traseras
y cuando le falta
casi ya el aliento
se queda parado
mirando a su dueño.

-Anda, por favor,
cógeme en el cuello-

Y el dueño le coge
y acaricia a Rizos
que es una madeja
de pelo y cariño,
y menea la cola,
le lame la cara
que es como los perros
suelen dar las gracias.

A Rizos le cuesta
bajar a la vida,
prefiere quedarse
tumbado en la silla.

Prefiere acabar
el hueso del tiempo
junto a un peluche
que es como él de viejo.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Oda a mi madre


Cómo voy a negarte
la sencillez azul de alguna tarde,
las palomas que vienen a este árbol
a mirar cómo cantas;
cómo voy a olvidarte,
a no quererte,
si me enseñaste a dividir por cuatro cifras
sobre un papel de estraza;
¡qué fácil resultó
con, solamente
ver tus dedos
sumándose a los míos!
¿Crees que podría decirte
que ya no me apeteces,
que ya no tengo tiempo para hablarte?
si me enseñaste todos los nombres
de la vida,
todas las capitales
girando sobre océanos
todos los territorios
sembrados con sus razas:
¡qué hermosa caminaba
tu mano sobre el mapa!
Cómo voy a gritarte
cuando no te sujetes,
cuando no haya equilibrio
más allá de tus labios,
si la primer imagen
de la tierra,
la vi desde los alpes de tu cuello,
la hablé cogiendo un trozo
de tu habla;
¡qué dulce me cayó
la eme que recuerdo
de tu primer palabra!
Cómo voy a dejarte,
¿crees que podría perderte?
Cómo voy a olvidarte.

Exilios interiores



EXILIOS INTERIORES

En tu espacio está todo lo que asumes de espacio,

todo lo que tú ocupas como parte del mundo,

todo lo que del mundo forma parte de ti.

Tú, como peso en la piedra. Como el rojo

en la rosa. Como el aire en el árbol. Como el puño al poema.


Y si un día miraras y encontraras caballos

aunque no sean caballos, y tú

vieras caballos

(aunque sean de humo), porque tú ves caballos,

podrán ser tus caballos y llevarte muy lejos

y enseñarte a galope

aquello que no existe pero nos lo parece

y aquello que resurge

y brota
y está ahí, brillante, desde siempre,

desde siempre esperando caballos

luminosos con un hombre que admite:

solamente nosotros mentimos las verdades.

Y entonces tú te posas y tus caballos beben

y una extensión muy grande

como un libro con toda la noche y las estrellas,

como un verso gigante de donde baja el agua

serán espacio tuyo,

mirada de tus ojos,

tamaño de tus manos,

instante muy fugaz, realidad muy larga.

Y entonces tú cabalgas, en tus caballos ágiles,

aunque sean de pétalos que van quedando atrás,

aunque sean de olas que mueren en la arena,

aunque sean caballos, de tan hermosos,

breves.

martes, 21 de septiembre de 2010

Postulación


Dame tus manos, mar. Oríllame

a tus alas. Arrástrame a la luz.

Sedimenta tu sed sobre mi voz caduca.

Ahógame en el fondo de tu forma

sin ángulos. Déjame

concebir el agua, corporeizarme

en líquido;

sentir que no naufrago

ahora

siempre

por ahora

y




para siempre.




Dame tus alas, mar. Abrázame

en tu hondura, alístame

en tus olas.




Aquí en la tierra no es libre ya ni el viento.

Sólo conozco

-ahora

siempre

por ahora-

la deriva.

Exiles intérieurs




Exiles intérieurs
Dans ton espace est tout ce que tu assumes d'espace,
tout ce qui tu occupes comme partie du monde,
tout ce qui du monde fait partie de toi.
Toi, comme poids dans la pierre. Comme le rouge
dans la rose. Comme l'air dans l'arbre. Comme le poing dans le poème.
Et si un jour tu regardais et trouvais des chevaux
même s'ils n'étaient pas de chevaux, et toi
tu verrais des chevaux
(même s'ils n'étaient que fumée), parce que toi tu vois des chevaux,
ils pourraient être tes chevaux et t'emporter très loin
et t'apprendre au galop
ce qui n'existe pas mais nous paraît exister
et ce qui resurgit et pousse et se tient là, brillant, depuis toujours,
depuis toujours attendant des chevaux
lumineux avec un homme qui admet :
il n'ya que nous à mentir les vérités.
Et alors tu te poses et tes chevaux boivent
et une étendue très grande
comme un livre avec toute la nuit et les étoiles,
comme un verset géant d'où tombe l'eau
devient ton espace,
le regard de tes yeux,
la dimension de tes mains,
l'instant très fugace, la réalité très longue.
Et alors tu chevauches, sur tes chevaux agiles,
bien qu'ils soient des pétales qui restent en arrière,
bien qu'ils soient des vagues qui meurent dans le sable,
bien qu'ils soient des chevaux, si beaux,
si brefs.

Traducción: Jean Dif
Realización: Catamaram