domingo, 13 de mayo de 2012

Eres, dulce mía, ligera


     On a vu souvent
  Rejaillir le feu
         De l'ancien volcan
                  Qu'on croyait trop vieux
Il est paraît-il
        Des terres brûlées
           Donnant plus de blé
          Qu'un meilleur avril


Eres, dulce mía, ligera
como un tango de agua.
Pero no te confíes,
lo nuestro es esta tierra
condenada al destino,
esta tarde que huye como un sol de verano.
Lo nuestro es todo aquello
que cambia ahora, ahora, ahora
y entre ahora y ahora
nunca nada es lo mismo.

Eres, dulce mía, amarga como el tiempo.



© Aurelio González Ovies
Voz: María García Esperón
Música: Yiruma
2012

viernes, 11 de mayo de 2012

Anuncio por palabras, en la voz de Isabel Ramírez

Isabel Ramírez recita "Anuncio por Palabras" en la Feria del Libro de Mazatlán 2012.


Se necesita un ser
que quiera compartir lo poco que tenemos
de lo mucho que aún queda.
[No han de importar sus años, su condición social
su domicilio...
Pero es urgente.
Alguien que entienda todavía por qué se van los pájaros
otoño arriba
a qué ha venido el hombre
a qué flor pertenece el color de los sueños,
en qué mes se desbordan las razas infelices,
con qué uvas se pisa la esperanza,
con qué refrán se cura la maldición de estar siempre
tan tristes.
SE REQUIERE que sepa manejar el idioma de las cosas sencillas.
y calcular el radio de los besos
y valorar los rostros que carecen de marca
y escribir en presente las ilusiones muertas
y entender la estructura de los gestos.
PREFERENTEMENTE niño - hombre - mujer - adolescente,
de la piel que quisiera,
con los ojos redondos como un significado,
con la voz siempre en fuga como las libertades
y las manos abiertas como diez intenciones.
Pero un ser, ante todo
que jamás haya visto un chubasco de sangre,
que no haya puesto nunca una trampa a la vida,
que haya bebido a veces un mar de malos tragos
y a veces con la rabia haya comido tierra.
Es también requisito presentarse a deshora
con el inmenso encanto de lo que no se espera,
con la sonrisa fresca como un chorro del alma
y el eterno secreto por qué uno se enamora.
Alguien que prometiera
que es preciso muy poco para ser muy feliz a toda costa.
Pero es urgente.

© Aurelio González Ovies
 Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez
Huelva, 1992.


jueves, 3 de mayo de 2012

Madres

Loa a las abnegadas mujeres que nos traen al mundo



Son fuentes encendidas en las noches cerradas. Son fuerza, escudo, aljaba, desprendimiento, abrazo. Son todo lo que somos, más lo que no han podido. Todo lo que aún contienen más todo lo que dieron. Son ángel, persistencia, gratitud y claror. Son parte de la vida, como la lluvia, el árbol, proclives al amor y a eternos sacrificios. Son báculo y promesa, destello, calma, arresto. Son rumbo hacia nosotros, desinterés, belleza, con manos de torrente y raza de camino. Son flor en pleno invierno, capacidad, alcance. Son llama, intensidad, coraje y sutileza, con alma en vez de piel y trazo de cariño.


Y manejan los hilos de la perseverancia, los atriles azules de los cielos inmensos. Llenan la soledad de música y ternura, nos tejen primavera con el grosor del frío. Pulimentan el hambre y atajan las penurias. Desintegran los trazos del dolor más profundo. Localizan desánimos e inquietudes y ahogos. Nos rebajan el ancho de daño y cicatrices. Desprenden el aroma de los días hermosos. Comparten con el fuego un origen divino. Esperan lealmente sin prisas ni cuestiones. Vislumbran con los ojos lo que no habla el lenguaje. Conservan los secretos con el rigor más íntimo. Nos ahuyentan los miedos gigantes de la infancia. Nos moldean palabras, allanan altibajos. Nos temperan el llanto. Nos ceden el respiro.


Un poema a todas
las madres que existen,
a las que nos peinan
y a las que nos visten.
Un poema a todas
las madres del mundo
porque hacen milagros
de un guisante crudo.
A las que aunque estén
con fiebre y anginas,
nos fríen abrazos
y asan sonrisas.
A las que de siempre
nos quieren ya tanto
que rebosan sueños
mientras tragan llanto.
A las que del pez
fiero de la vida
nos sacan la carne
y comen la espina.
A las que envejecen
con grietas y grumos
de exprimirse a diario
para hacernos zumos.
A las que ya están
sobre nuestra cuna
borrando la noche
y pintando lunas.
A las que nos cubren,
defienden y abrazan
incluso si duermen,
incluso si faltan.
A las que los años
casi se les pasan
entre planchar fuerzas
y limpiar la casa.
Un poema a todas
estas siemprevivas
que sirven de fuelle
y aguantan de viga.
Un gracias a todas
estas madres nuestras
que son cocineras,
modistas, maestras;
y adornan bizcochos
o administran cuentas
y trenzan toquillas
o zurcen sorpresas.
A las que aún están
o son ya estrellas.


(La Nueva España, 3-5-2012)







No olvido aquellos días.
No borro aquellos miedos.
Madre, ¿Cuándo sea mayor
Tú serás ya muy vieja?;
¿tendré que enfrentarme un día al mundo
solo?
Ella siempre venía a darme un beso,
Me apagaba la luz
Y me decía:
no pienses esas cosas, hijo mío,
eres muy joven, anda,
todavía.
Pero cuando el invierno arremetía
furioso
contra las ventanas
y el triste crucifijo pendía sobre mí
tenebroso y oscuro
me aparecían los muertos
que había visto metidos en cajas.
Tanteaba la pera, encendía la bombilla
y con cualquier excusa la llamaba:
mamá, no sé si tendré fiebre,
tráeme un vaso de leche,
hazme una manzanilla.
Y entonces como siempre, como
a todas horas, ella estaba
fregando
y dejaba los platos y las potas
y me poníael termómetro
y tanteaba mi frente.
Voy a quedarme aquí
para que no te muevas.
No me parecen décimas,
Tranquilízate, calma.

Y con su mano allí,
sobre mis pensamientos,
huían mis temores
y en breve me dormía.

Otras veces la guerra o el infierno
-paisajes que tanto ensombrecían
aquellos negros años-
me angustiaban el sueño a media noche
y gritaba su nombre.
Y entonces, como siempre,
como a todas horas, ella estaba sentada en la cocina,
cosiendo o repasando,
o escogiendo lentejas o picando
patatas.
Y clavaba la aguja en la pechera
y se allegaba al cuarto
y me frotaba el cuerpo
con alcohol de romero y con papel
de estraza.

Y con su tacto allí
posado en mis delirios
repetía en voz baja:
ya verás cómo pronto pasa esta noche
ya verás qué enseguida llega mañana.


© Aurelio González Ovies
Insomnios
en NO, Cuadernos FÍBULA de Poesía, Avilés, 2009. 
Presentación en el Palacio de Valdecarzana (Avilés) junto a Marian Suárez 
Realización: Nacho en Un mundo de colores


lunes, 30 de abril de 2012

Hace tiempo que se fue el pecado


Hace tiempo que se fue el pecado.
Venid a este paisaje donde no tengo conciencia,
a este desierto enfermo de pirámides
y palmeras que esperan
con sus brazos abiertos.
Estoy deshabitado. Más que nunca.

© Aurelio González Ovies
En presente
Voz: María García Esperón
Música: E. Karaindrou
MMXII

sábado, 28 de abril de 2012

Todo es Palabra en el Congreso de la Palabra de Guanajato

Un poema de Aurelio González Ovies en la clausura del IV Congreso de la Palabra en León, Guanajuato (México).


Todos quisiéramos dejar aquí un poema
como la vida,
un verso en pleamar como una playa,
un verso infinito como una claridad,
un verso mortal como un disparo,
un verso donde esté escrita la pena trashumante
con todas sus guitarras,
un verso en que se posen los acontecimientos.

Todos quisiéramos marchar libro adelante
a través de una historia que se aleja
o el jardín de algún nombre muy antiguo
o morir para siempre en una página.
Porque todo nos nombra,
todo nos dice, todo nos afirma,
todo nos inunda.

Todo es mentira y es verdad y es ilusión y frío y nombramiento
y libertad y cárcel.

Todo es palabra
.
(C) Aurelio González Ovies

lunes, 23 de abril de 2012

Necesitamos libros. Feria del Libro y la Rosa 2012 en la UNAM


Entusiastas del libro se dieron cita en la Feria del Libro y la Rosa 2012 de la UNAM. De la mano de María García Esperón los escritores Moisés Sheinberg, Eduardo Carrera, Patricia, la hija del recordado Renato Leduc, y otros entusiastas de los libros, prestaron sus voces para la lectura de fragmentos de un texto de Aurelio González Ovies: NECESITAMOS LIBROS 




    Libros hermosos, con desinencias y trayectos hacia reinos deliciosos; donde nos espere lo que no sucede a tiempo o lo que termina de forma irremediable. Libros tránsito para enseñar a morir de otras muertes y aprender vidas inconcebibles. Libros con la misma y única maquinaria del corazón, perfecta y quebradiza. Libros como agua, indispensables para la sed humana. Cálidos, como el vaho de los animales en las cuadras; inolvidables como la primera vez de cualquier vez primera. Libros para una segunda oportunidad y para una despedida que no tuvo lugar. Libros con bifurcaciones e indicadores lo inverosímil. Por donde podamos desfilar hasta abrazar los brazos abiertos de los antepasados. Libros inamovibles y horizontales como la compostura de los difuntos. Invadidos de ahogo como una boca colmada de terreno. Sinónimos de la locura y sus extravagancias clarividentes.
Dementes libros bondadosos, al fondo del fondo, donde arde la tenue vela de la verdad.
© Aurelio González Ovies

Amar los Libros. Una infancia necesaria
Conferencia pronunciada en el XVI Simposio de la Asociación de profesores de español Gerardo Diego. 
Santander. 18 de octubre de 2008.


domingo, 22 de abril de 2012

En presente

Cuando nos demos cuenta
la vida habrá dejado de nosotros
una estación inédita
y un camino a mitad de la palabra.

*
Fui feliz con muy poco,
porque sus ojos de arena
marcaron las horas más felices de mi vida.

*
Partiremos de aquí
y todo lo nuestro
quedará en las sonrisas de las hiedras
que suban a buscarnos olvido arriba.

*
Más allá que haya lo que quieran
siempre que aquí estés tú.



(C) Aurelio González Ovies
En presente
Voz: María García Esperón
Música: Yanni
MMXII

miércoles, 4 de abril de 2012

Semana de calvario

Llegan días de Semana Santa, llenos de inevitables evocaciones de desánimo


Estrenábamos ropa los domingos de Ramos. Nos ponían sandalias, algún polo de moda y pantalones cortos para asistir a misa. Era como un avance del tiempo de verano. La iglesia se llenaba de familias enteras con palmas y laureles. El cura bendecía con cantos y oraciones. Y tras la eucaristía volvíamos a casa y unas cañas benditas las plantábamos: «Fuera sapos, fuera topos, fuera todo animal de perdición, que aquí os traigo el ramo de la bendición». Rezábamos, era Semana Santa y con cualquier excusa, con reconcomio y culpa, rezábamos.

Comida de vigilia, de domingo más sobrio, sin carne ni chorizo entre la sencillez de los garbanzos. Tarde de cumplimientos. Visita a los padrinos. Un beso y una rama, un pañuelo, unos puros, pastillas de jabón o un frasco de colonia, como todos los años.

Vacaciones muy cortas, pero días muy tristes, difusos y morados. Todo estaba prohibido, la vida se paraba. Era como una tregua de expiación y ayuno. En los televisores no se emitía nada y lo mismo en ninguna frecuencia de la radio. Eran como jornadas de contrición y muerte, de tristeza y pasión. Y las horas olían a cera y a pecado. Procesiones y angustia clavadas en el pecho. Iglesias en penumbra. Palabras que sonaban a luto y a calvario. Sensación de clausura, acidez de Cuaresma, salmos, plegarias lúgubres, Vía crucis, dolor, sermones y rosarios. Cirios lentos en templos y en altares. Respeto y hermetismo en torno a los sagrarios.

Leyendas de martirios que opacaban la luz de primeros de abril o últimos de marzo. Sufrimiento y traición. Imágenes cubiertas con crespones de duelo. Cadencia de susurros en los confesionarios. Abstinencia, opresión, espinas, cicatrices, resignación y sangre, violencia y homicidio, púlpitos que reprenden con resquemor e imperio, con retumbo de látigo.

Emergía en los hogares el único dulzor de aquellas fechas grises. Las madres nos hacían marañuelas y panes con harina y manteca y rallo de limón, muy tiernos y trenzados. Chapas entre los brazos y sobre sus cabezas con porciones de masa sin cocer todavía. En las panaderías los hornos trabajaban al rojo y a destajo. Escaparates llenos de bollos muy esbeltos, con merengue y escarcha y un pollito amarillo y crema y un penacho. Chocolates gigantes con formas de animales, de bólidos, de huevo, de jardín con palacio. Mas todo recordaba el fervor y la fe, todo sabía un poco a religión y a pena, a religión y a pánico.

(La Nueva España, 4-4-2012)