miércoles, 7 de diciembre de 2011

Apetito de ser

El afán incesante por superar obstáculos


Todo quiere vivir y estar presente. Todo asoma al asombro de ser instante a instante, al apetito inmenso de superar obstáculos. El mirlo que me observa entre el puro rocío de la mañana, el árbol que diviso y ha perdido las hojas, la sombra que me sigue a donde quiera que huyo, por donde voy o paso. Todo encierra deseos de perpetuar su estirpe, la dinastía del humo, las hiedras que galopan por las tapias del tiempo, el frío que se adentra en las casas sin nadie, las rosas que florecen en la tez del invierno, las chispas que salpican la noche desde un astro. Permanecer aquí, ampliarse en el tiempo, existir como sea, por encima de todo, alargar su apariencia, dilatar sus fronteras, envejecer despacio.

Todo busca seguir en esta incierta estancia, aplazar su caída y su decrepitud, prolongar cualquier época, perdurar como un río de anchurosos remansos, resistir como un mástil frente a viento y borrasca. Todo ansía llegar a no se sabe dónde, atravesar planicies, coronar los montículos, desembocar muy tarde en no se sabe cuándo, aumentar sus jornadas, agrandar su espesura milenaria y copuda, desplegar su ramaje a lo largo y lo alto. Todo aspira a ser parte de esta actualidad tan fortuita y yerma, a insistir en su alzada, mantenerse en su plante, a escapar de la herrumbre, a evitar la carcoma, a preservase, lejos del dolor y la sangre, del cáncer o el disparo.

Todo pugna y suspira por brotar con vigor, por crecer con arresto y elevar su prestancia, por renovar su imagen y amparar su entusiasmo. Todo intenta guardar equilibrio en sus hilos de ser humano o frágil, impalpable o patente, silvestre o deletéreo. Esparcir su simiente, eternizar su nombre, dignificar su esencia, propagar sus vilanos. Todo persigue más y más continuación, más fulgor en su hechura, más juventud vigente. Todo implora tardanza, demora en su unidad, indulto en su firmeza, amnistía en su tránsito. Todo, constancia y entereza, por temor y por avidez, por ego y prepotencia, por despotismo o atraco.

Todo apetece luz y libertad y holgura. Todo reclama treguas, prosperidad y cifras, origen y tesón, consagración y espacio. Nada quiere apagarse de repente y por siempre, sucumbir como un corzo, indefenso y precoz, que cruzaba el otoño, cerrarse como un libro maldito o inacabado. Todo proyecta un más allá después del difuso horizonte, del ahora, del mañana lejano. Nada quiere morir. Nadie quiere morir. Siempre es pronto y temprano.

(La Nueva España, 7-12-2011)

Vuestra voz tiene acento de laurel

Vuestra voz tiene acento de laurel,
decidme dónde habéis estado tanto tiempo,
por qué no regresasteis a la hora de la siesta,
por qué no estáis aquí vendimiando mis dudas.
La noche es muy inmensa para encontrarse solo.
Aquí está vuestra casa de campo abandonada.
Vuestro perro pastor que se enrolla en sí mismo
y da vueltas y llora.
Decidme dónde andáis para haceros llegar unos abrazos
y unas deudas y un pan y unos limones.
Sucede que mis manos ya no pueden arar vuestro recuerdo
y la vida me huele a humedad y a cerrado.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Volverás en verano


Volverás en verano
y encalaremos juntos la fachada del tiempo.
Aquí todo envejece a ritmo campesino
y te echamos de menos cuando tus rosas
revientan como un tiro de sangre.
Todos los días del año son los más oportunos
para añorar al ser que nos ha abandonado.
Pero tú volverás;
yo sé que te apetece escuchar las rodadas
de la infancia entre la manzanilla;
yo sé que tienes ganas de entender
qué dicen las gaviotas cuando rompen el sol a picotazos.
pero tú volverás
porque han puesto autobús para llegar al nunca,
porque el pueblo se queda poco a poco,
porque quiero cambiarte unos cromos del llanto,
porque te necesito para labrar el frío.
Volverás a esa hora temprano
y los niños irán ya a la escuela en pantalones cortos
y te diré en secreto por qué cantan los gallos
y te llenaré un libro del olor de las cuadras.
Volverás porque, a veces, si nos falta algún rostro
el pasado es reciente a cada siempre.


sábado, 3 de diciembre de 2011

A veces la tristeza te espera en cualquier sitio

A veces la tristeza te espera en cualquier sitio
y hay que creer en algo.
Hemos venido a ser felices por encima de
todo,
a perder unos seres y formar una casa,
a envejecer un árbol y madurar un fruto,
a decir un adiós y escribir una carta.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Tus crisantemos crecen al abrigo de octubre


Tus crisantemos crecen al abrigo de octubre
y en una pota vieja te he plantado un narciso.
Cuando vengas, el pozo será un naufragio de hojas
que limpiaremos juntos en la tarde del sábado.
No quisiera decirte las noticias que tengo de unos amigos tuyos
ni entregarte una carta que te escribe el recuerdo.
Cuando vengas, el frío hablará por la noche desesperadamente
y estarán ya maduros el dolor y los higos.

martes, 29 de noviembre de 2011

No sé qué página

No sé qué página es esta
de mi vida,
pero de lo que resta
voy a escribir muy poco.
Voy a decir que hoy es un día hermoso
para ausentarme
y compartir conmigo lo que no me comprendo
todavía.





domingo, 27 de noviembre de 2011

Dos palabras solo

Dos palabras solo
y nada más:
amo la vida y por tanto,
a veces la detesto.

(Para Marian Suárez)

viernes, 25 de noviembre de 2011

Umbral de diciembre

 Deseos que brotan al filo del último mes del año


Quiero que vengas, madre mía, tú, a encenderme el umbral de este diciembre. Quiero que seas tú, con tus rasgos de luz, la que alumbre en las velas y en los limpios destellos mañaneros de la flor de la nieve. Que vengas tú a curarme la tos con tu resguardo, a librarme del frío de estas fechas vacías, a abrazarme detrás de una ventana mientras arde el silencio de la casa y el invierno ruge con su furia y fuera llueve. Aunque de nuevo me den miedo el relámpago y las tejas que rompen y los cables que aúllan y el chispazo imprevisto de los plomos y el gorjeo de la leche mientras hierve.

Que me dobles el borde de las sábanas y tantees la humedad que arroya en las paredes y recemos un poco en voz muy baja el padrenuestro antiguo, el que tú me enseñaste, y enrolles a mis pies la toalla y la botella, el papel de periódico y el ladrillo caliente. Y me pliegues la noche con la paz de tus fábulas y me pases, despacio, las páginas del sueño. Que me hables de aquellos años tuyos por los prados de Viodo en primavera y me mires dormir y me desees descanso y apagues mis zozobras y me beses la frente. 

Y pongas tú en la mesa las cenas abundantes, los dulces escogidos, las frutas escarchadas y el tacto en los manteles. Quiero que vengas tú. Quiero que bajes tú desde la antigüedad de un villancico. Que surjas de entre el musgo, de un río o de una senda que cruzan los belenes. Que resurjas del irreal perfume de un palacio elevado, de la hondura de los pozos de agua, de un desierto imposible, del temple y la quietud de algún pesebre. 

Ven y hazlo posible. Dibújanos el pino que te gusta. Amarra a esta nostalgia cascabeles. Escríbenos deseos y pámpanos y hojas de limón en los cristales gélidos del siempre. Caliéntanos las manos con cáscaras de fe. Ven, colócanos encima de la cama regalos y sorpresas. Haznos creer que resoplan muy cerca los camellos, que llaman a la puerta los pajes de los Reyes. Suelta la eternidad, abandona la estrella, cuando giren el mundo o la nada o el humo y mires hacia abajo y atisbes estos brazos, deja la inmensidad, desmóntate, detente. Quiero que vengas, madre mía, tú, a iluminar las bóvedas de este mustio diciembre.